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EDICIÓN Nº94: Canje

El anuncio del rescate del tramo local del llamado Préstamo Garantizado y su canje por nuevos bonos en pesos a cinco años de plazo, permite algunas reflexiones.

En primer lugar, cabe consignar que, aunque por razones de “taquigrafía” los medios se refieren a 3000 millones de dólares, los bonos que se rescatan son bonos emitidos en pesos. De manera que este canje alivia los pagos en pesos del año y mejora el perfil de vencimientos en pesos de los próximos años, pero insisto, ataca sólo el problema de “pesos” y no de dólares que tiene el Tesoro Nacional.

En segundo lugar, el pago con bonos marca más explícitamente, que la etapa de “desendeudamiento”, al menos teórico, del gobierno nacional ha terminado y que hoy resulta difícil reducir la deuda pública argentina con recursos genuinos, aún los compromisos en pesos.

En tercer lugar, la colocación le pone un piso a la tasa de interés en moneda local no inferior al 15% anual, para la deuda “menos riesgosa”. Esto significa que los préstamos para el sector privado, difícilmente puedan llevar asociada una tasa inferior al 18-20% anual, como mínimo.

Dada la desaceleración importante de la tasa de inflación, debido a la caída del nivel de actividad, la tasa de interés real activa, en moneda local, ha pasado de negativa o neutra, a fuertemente positiva, en especial para las empresas.

En cuarto lugar, el verdadero costo para el Estado de esta colocación debe calcularse no sólo en función de la tasa de interés que se pagará en los próximos años, sino en el sacrificio fiscal que implica el diferimiento del pago del Impuesto a las Ganancias por el resultado de esta operación, para los tenedores de dichos títulos de deuda, al menos, si los mantienen en su poder.

En quinto lugar, queda mucho más claro ahora que la manipulación de los datos del INDEC, en especial los que corresponden a la tasa de inflación, le ha impedido a la Argentina colocar nueva deuda soberana en moneda local indexada y ha tenido que modificar el mecanismo de pago de la deuda, pasando a tasa de interés fija y variable. Este tipo de instrumentos reduce el espectro de inversores, dado que, si bien la tasa de interés es un mecanismo adecuado para una entidad financiera y, hasta cierto punto una empresa de seguros, dado que, en particular los bancos “trabajan a tasa de interés”, no lo es para el resto de los inversores, muchos de los cuales necesitan o buscan una protección contra la inflación o la fluctuación de precios, dado que “trabajan en bienes y servicios”.

Adicionalmente, el canje aleja el riesgo de default de los instrumentos en pesos, y alivia, siempre en pesos, la situación fiscal en un año electoral en dónde los pesos habrá que usarlos para otras cosas.

Sin embargo, se mantiene la incógnita respecto de los vencimientos de deuda de instrumentos denominados en dólares. En efecto, el mercado de capitales internacional sigue prácticamente cerrado para la Argentina, por la crisis global, y por la desconfianza generada por el propio gobierno. En ese contexto, los compromisos en dólares del Estado Nacional, para este año, estimados en unos 8000 millones de la divisa estadounidense, deberán ser atendidos o bien recurriendo a las reservas del Banco Central, o bien ofreciendo un generoso canje, elevando aún más las tasas de interés implícitas a pagar por el sector público y privado argentinos, o bien recurriendo a la ayuda, hasta ahora rechazada, del FMI. Suponiendo que el blanqueo de capitales, difícilmente, aporte demasiados dólares frescos y que el saldo del balance comercial, apenas logre cubrir la normal salida de capitales privado y las necesidades de pagos en dólares de las empresas y particulares.

En este contexto, si bien, insisto, el riesgo de default en el corto plazo parece alejarse, la manera en que el gobierno encare sus compromisos en dólares, no será neutral respecto de la evolución macro de los próximos meses, en especial en el mercado cambiario y en el giro de divisas del sector privado.


 
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